viernes, 3 de febrero de 2017

Todo comienza con un tuit


Nunca antes había comenzado un post con un tuit. Sí que los había utilizado en algunos escritos, pero nunca habían ocupado el lugar que ahora ocupa.

Es el tuit de una gran porfesional.

Hasta aquí, lo objetivo.

A partir de aquí, no puedo ni quiero seguir siéndolo.

Érase un tuit a una dama pegado.

Los tuits, tan importantes para ti; tan importantes para nosotros.

Aún así, no creo que falte mucho a la verdad, pero me puede la amistad. Quiero que me pueda. Sé que los que la conocen sabrán separar la paja y quedarse con todo el buen trigo que tiene.

¡Y vaya que si lo saben! ¡Tienen sus silos repletos de grano que les ha ido aportando en todos estos años!
Aún recuerdo la primera vez que la conocí en persona. No sé por fuera, pero por dentro no estaba del color dorado del trigo ni de la paja. Estaba del color del tomate. Era la primera vez que cruzaba el gran charco para un evento educativo de la mano de nuestra común amiga @londones.

Hacía poco que ella había cambiado su avatar de Androide en Twitter por una imagen suya. Me costó procesar para darme cuenta de que se trataba de ella (siempre es algo que me cuesta). Me juré que tenía que quedarme con su gentil rostro como fuera.

No en vano, como en tantas ocasiones, ella había hecho gala de su generosidad conmigo como con tantas otras personas le he visto hacer. En la red y desde ese momento, viendo (y apreciando, sobre todo presenciando) en directo su manera de actuar, proceder y ayudar (sobre todo ayudar) a todo el mundo.

No tenía en cuenta linajes, ni si eras o no un gurú, si tenías muchos o pocos seguidores. A todos trataba (y trata) igual de bien. Buen testimonio puede dar de ello nuestro también común amigo @juambedo cuando la conoció y lo bien tratado que se sintió por ella.


Su especialidad era reconocer rápidamente a alguien nuevo y ver su valor, lo que podía aportar a esa inteligencia colectiva que es la red, con sus virtudes y miserias y le daba su mano virtual que tantos han sentido como si fuera material. Y lo era. Son muchos los que se han sentido acompañados por ella.

Uno que navega algo por los procelosos mares de la red, sabe de sus virtudes y cualidades profesionales como buena Community Manager, aprendidas en la brega, tuiteando sin reparo y con él, promoviendo hasta lo impensable el centro para el que trabajaba más allá de lo exigido. Hasta el punto ese que solo en el principito se puede apreciar. Ese que no cualquier burda mirada es capaz de hacer visible:

«Adiós, dijo el zorro. Este es mi secreto. Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos».

Sólo el corazón nos permite apreciar a un buen profesional de verdad y a una gran persona. Lo demás...

Una gran persona también sabe cómo terminar un camino, con la clase que tantas veces falta.

Y comenzar otro nuevo camino.

Y para ese viaje no hacen falta más alforjas. Las tuyas, querida Carmen, están repletitas de cariño que has ido sembrando con tu buen hacer y bien tratar.

Cual bumerán, sientes todas esas dádivas que te vuelven, todo ese cariño y aprecio sincero que día a día nos regalaste y ahora retornan.

No lo dudes, si son medianamente inteligentes, estarán suspirando...

Solo tuvo que insinuarlo tu buen amigo @ftsaez y Twitter se inundó de


No era difícil, cada uno recoge lo que siembra.

Y querida Carmen, tú está claro lo que has sembrado.






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