martes, 24 de octubre de 2017

Un pésimo boletín de notas


Un pésimo boletín de notas.


Los docentes debemos tener mucho tacto a la hora de calificar a nuestros alumnos, no solo al hacerlo a través de notas numéricas. Sobre todo, al hacerlo a través de comentarios que pueden ser más o menos afortunados y que pueden condicionar la autoestima o el futuro de nuestros alumnos, promoviendo malas profecías autocumplidas. 

Literatura inglesa: regular. Francés: prosa muy regular, con errores elementales producto del apuro. Ensayos: demasiado grandilocuentes para sus habilidades. Matemáticas: mejor, pero su capacidad se ve empañada por la desprolijidad con la que plasma sus ideas en el papel.

Un profesor de física señaló que había hecho "un buen trabajo, pero generalmente lo deja mal".

El profesor agregó: "Debe recordar que Cambridge querrá conocimientos sólidos en lugar de ideas vagas".

El boletín de la imagen y sus comentarios podrían corresponderse con el de cualquier adolescente del mundo al que poco le gusta ir a la escuela y cuyo talento —si lo tiene— reside en un área muy lejana a la de la ciencia y la cultura.


Pero no se corresponde.

El boletín pertenece a una de las mentes más brillantes del siglo XX: Alan Turing, el científico británico considerado padre de la informática y visionario de la inteligencia artificial, que logró descifrar el lenguaje secreto utilizado por los nazis, contribuyendo así a acortar la Segunda Guerra.


Este boletín, se muestra en la exposición, Codebreakers and Groundbreakers en Cambridge, junto a  otros artículos personales y dispositivos de codificación raramente vistos del Archivo de Turing en King's College en la ciudad.

El informe de la Escuela Sherborne en Dorset mostró que Turing, que más tarde llevó a cabo un trabajo pionero en descifrar la encriptación Enigma utilizada por los nazis, tenía margen de mejora, según sus maestros.

Los profesores de Alan Turing escribieron que "nunca llegaría a nada en la vida".

Turing tuvo una vida muy dura que terminó de forma trágica. Era homosexual y fue condenado, lo que hizo que le sometieran a un proceso de castración hormonal, y en 1954, a los 41 años, se suicidó. Su cadáver apareció junto a una manzana mordida envenenada con cianuro.

En 2013, la Reina Isabel II concedió un perdón real a Turing y en enero de 2017 se aprobó en Reino Unido la llamada Ley Turing, que concedía perdones a miles de hombres gais y bisexuales que, como Alan Turing, fueron condenados por lo que entonces eran "ofensas sexuales".

La exposición Codebreakers and Groundbreakers celebra el descifrado del código Enigma - el más famoso de los códigos de guerra. El trabajo de Alan Turing ayudó a acortar la Segunda Guerra Mundial salvando millones de vidas. 

10 frases célebres de Alan Turing

Fuentes:




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