viernes, 25 de abril de 2014

Educación: entre lo real y la venta de humo

Comencé este post con otro título (La Trastienda: " En busca del libro perdido") y otro post en la cabeza. Como podrán apreciar, se impuso el segundo que tenía en la cabeza y dejé el primero para la siguiente ocasión. 

También cambié el título. No fui fiel a su título original.

Continúo por donde lo había dejado.

Mientras venía de camino, he comenzado este post de muchas maneras. Espero ser fiel a su título.

Voy a intentar, para ello, hablar de cosas de las que habitualmente no se habla.

Todos los que trabajamos "Entre les murs" de un aula, como trataba de hacer sentir François Bégaudeau en su novela, que dio lugar a la película dirigida por Laurent Cantet, sabemos que del dicho al hecho, existe un largo trecho. Nuestras propuestas pueden ser magistrales, que si no están insertadas en la realidad (actual), valen de poco. Ya lo decía otro francés imperdible, Daniel Pennac: Mal de escuela.

Reniego (no lo puedo decir más alto, porque no quiero, pero sí claro) de las programaciones de salón, de las programaciones cuadriculadas (creo que estoy comenzando a mezclar los dos posts), de aquellas preciosas y dignamente elaboradas para ser presentadas en un baile de salón.

Me refiero, no quiero que se me mal interprete, a aquellas destinadas a quedar bien en un curso o a medrar en la administración, aquellas que una vez plasmadas, dejan anonadado a más de uno, pero nunca ven la luz, más allá del pan y el circo más propio de la farsa política y los ruedos, que de las paredes de un aula.

Lo digo yo, que pretendo traspasar las paredes de un aula, romper las paredes del aprendizaje entre rejas, del aprendizaje que produce malestar estomacal y hasta arcadas.

Pero intento hacerlo de otra manera. Sin varitas mágicas, sin pócimas ni recetas infalibles, careciendo de ellas.

No trato de hablar de anarquía, aunque no voy a ocultar ciertos matices ácratas, verdes y sostenibles si se quiere.

No hablo de no dedicar tiempo, horas, estructuración, reflexión .... a pensar en lo que vamos a hacer, ni siquiera a lo que hemos hecho. Todo ello, a pesar de que me sumo y comparto gustoso el anatema Adell.

Me refiero, en concreto, a lo siguiente. 

Todos aquellos que nos dedicamos profesionalmente a la enseñanza y la sentimos, con mayor o peor fortuna, sabemos lo que conlleva preparar una tarea, situación de aprendizaje, actividad o como quieran llamarla (no es que sea intrascendente o que no pueda marcar lo que hagamos, pero no es lo más importante).

La de horas que hay que echarle... Buscar material, organizarlo, tratar de darle sentido y nuestros matices, intentar crear algo nuevo, que aporte algo, que se adapte a nuestros alumnos y sus intereses, que sea atractivo, que se salte, pero no demasiado, las leyes, que sea positivo para nuestros alumnos (a pesar de las leyes), que no los descuelgue demasiado de otras cosas de siempre y que les van a impedir continuar (espada de Damocles que tenemos que llevar), reflexionar sobre lo que queremos conseguir y lo que necesitan nuestros alumnos, estructurar, organizar, plasmar... 

Tantas cuestiones, que si establecemos como fundamento y prioridad la insulsa formalidad, poco podremos establecer, más allá de una propuesta bonita, perfecta, bien estructurada, formalmente impecable, pero que se asemeja más a la propuesta de "El vendedor de humo" que a algo perseguible, a una propuesta real y sostenible en el tiempo.

En el aula hay que dejar la piel, y fuera de ella también (ubicuamente). Hay que hacerlo con reflexión, con detalle, pero no con el formalismo del que se encuentra detrás de una mesa o pretende estarlo.

El contacto con la realidad es imprescindible. Cierto que no es suficiente. No podríamos aspirar a cambiarla (que es lo que debe perseguir cualquier educación) sí detrás no existe una reflexión. Pero, sin el contacto con la realidad, es imposible marcar el paso, más bien de abrirles y sugerirles caminos a los que tratan de transitar en ellos. 

Por todo eso, y mucho más, me parecen totalmente loables, necesarias e imprescindibles, propuestas como las que se han llevado a cabo en 1º del Grado Educación Primaria (Degree in Primary Education) de la Universidad de Murcia, bajo la dirección de la profesora María del Mar Sánchez, en la asignatura de Organización Escolar y Recursos en Educación, con los alumnos de primaria del Colegio Público Virgen de Belén de Jacarilla, Alicante.

Este trabajo y experiencia enriquecedora, se ha visto plasmado en dos blogs:
Todo lo anterior no quiere decir que no preparemos nuestras clases, que no tengan coherencia. Más bien todo lo contrario. Lo único sobre lo que he pretendido reflexionar es sobre lo importante y lo accesorio en educación. Al menos, sobre lo que considero importante.

No abandono la intención inicial, al menos para comentar dos imágenes que estaban destinada al post original.
  • Con la primera, puede que algunos se escandalicen.
  • De la segunda, nos sentimos muy orgullosos.
En la primera se ve a un grupo de alumnos corriendo en busca el libro perdido. Les aseguro que lo encontraron.

Sobre la segunda, invitarles a ponerles nombre en sus mentes. Cualquier alumno que tengan o se puedan imaginar. Les cuesta llegar a él. Hasta el profesor con más paciencia del centro, con doctorado en taichi y yoga y máster en meditación trascendental, puede sucumbir a sus encantos. Tratas de llegarle en innumerables ocasiones y con múltiples y abiertas propuestas. Casi nunca lo consigues... Llegas a dudar de tu profesionalidad... No caes en la tentación de cargar única y exclusivamente toda la responsabilidad en la sociedad y su familia, pero ... tus propuestas se estrellan una y otra vez contra los muros que pretendes derribar. Eres humano, lo sientes, no tienes varitas, pero no dejas de intentarlo, no arrojas la toalla...

... Cuando te dice asfixiado que le falta la respiración por correr detrás de una pista, por encontrar una cita en un libro y lo ves buscando y rebuscando entre los libros de la biblioteca y tomando notas para lograr encontrar el libro perdido...

... Llegas a pensar, que tal vez sólo haya encontrado un libro, pero puede que sea su primer libro.










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