viernes, 28 de marzo de 2014

Juanita. A todas las Juanitas

Juanita no es 2.0, no es virtual. Juanita es de carne y hueso. Juanita siente, padece, sufre...

No es que las Juanitas dospuntocero no lo hagan, precisamente. Sobre eso, habría mucho que decir, sin llegar a la ficción, pero no es su momento.

Ahora es el momento de Juanita, de todas las Juanitas.

Juanita es el cariñoso apelativo  que doy a mi querida compañera Juani, la de inglés. Vamos, como @Teacherrose, pero sin arroba.

A Juanita la oyes quejarse, pero nunca dejarás de oírla renacer de sus cenizas.

Juanita lo ha pasado mal. También lo ha pasado bien. Pero siempre la puedes esperar en el pasillo.

Más de una vez he hablado de los largos pasillos de mi ies. Cuando digo de "mí ies" no lo hago patrimonializando. Lo hago porque lo siento. Y no hablo de paredes. Lo digo porque lo abrí, y no hablo de que lo haya construido, ni de que lo haya registrado. Siento las paredes. Siento más allá de las paredes. Siento entre las paredes.

Sé que no es mio. Que nunca lo ha sido. Sé que no será mio. Que no queda lejano el día en que lo tenga que abandonar.

La teoría de los largos pasillos de mi ies, de las neuronas espejo. Suelen estar vacíos, pero tarde o temprano surge alguna figura a lo lejos. 

En algunas ocasiones echas de menos la soledad, aunque no hayas nacido para ella.

No es que dependas de las Juanitas, ni que no sobrevivas cuando encuentras sus antagonistas, pero sí que ayudan, vaya que ayudan.

Cuando te tropiezas a Juanita, cuando te tropiezas a una Juanita, sabes que la cosa no puede ir bien dada. Incluso sabes que la vida en más ocasiones de las que deseas te las trae mal dadas. 

Pero, cuando a lo lejos divisas a una Juanita, a Juanita, te sientes como el aventurero que desde su cofa divisa una nueva tierra por explorar. Sabes que será una aventura. Sabes que toda aventura conlleva un riesgo, que incluso lo puedes pasar mal.

Pero, cuando divisas a Juanita a lo lejos, algo dentro de ti te dice que va a acabar bien. Que por muy mal que lo pueda pasar o estar pasando, va a resurgir de sus cenizas y va a buscarle el lado bueno a las cosas.

Esta mañana me tropecé a Juanita, en un pasillo, por supuesto. Y comenzó hablándome de sinceridad, de dureza. Terminó hablándome de proyectos, de ilusión, de ganas, de no renunciar a pasárselo bien trabajando. Y, es que me dijo: "Me gusta lo que hago".

Juanita me transmitió ilusión, ganas, deseos, trabajo, disfrute. 

A estas alturas podrían pensar que Juanita es algo ilusa, que falta a la realidad, que confunde optimismo con ignorancia.

Nada más lejano. Eso es no conocer a las Juanitas de este mundo real. 

Las Juanitas reales no son ilusas, aunque tienen ilusiones. No son ciegas, aunque pueden quedar tuertas.

nunca sorprenderás a Junaita mirando por encima del hombro a ningún Juanito, por inquieto y desdichado que sea, por muy canutas que se las haya hecho pasar. Nunca pretenderá desposeerlo de sus derechos constitucionales ni culpabilizarlo por otras culpas que no sean las suyas.

Las Juanitas de esta vida, las Juanitas de esta profesión, son las que hacen que los demás mantengamos la ilusión, las ganas de creer aunque no seamos creyentes, las que nos den esperanza la necesitemos o no.

He conocido muchas Juanitas, incluso he tenido mi Juanita Grillo particular. Siempre me han hecho crecer en esta profesión y en esta vida, pero sobre todo, lo que han hecho, es hacerme ver que no estoy solo en los largos pasillos, que no son grises, aunque te tropieces a barnizadores opacos.

Las Juanitas siempre caerán, pero al doblar la esquina, siempre te sorprenderán brindándote la mano para que seas tú él que se levante.

A Juanita, a todas las Juanitas sin las que esta profesión sería algo diferente.
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