Y dije a los guijarros:

- Yo sé que vosotros sois las estrellas que se caen.

Entonces los guijarros se encendieron, y por ese instante brillaron – pudieron brillar…

- como las estrellas.


jueves, 28 de marzo de 2013

Touchcode. Códigos invisibles, QR y RA

Parece que no paran de surgirle sustitutos a los Códigos QR. Lo cierto es que no sé cuanto tiempo durarán, pero desde luego sí que puedo decir que se encuentran en su apogeo.

El pasado domingo, sin ir más lejos, estuvimos en La Laguna, probando nuestra aplicación de App Aventura para esa ciudad y me sorprendió la cantidad de establecimientos y edificios culturales que contaban con ellos. Justo ahora que comienzan a ser habituales, comienzan a ser cuestionados por todas partes. 

Nos detuvimos en un edificio que habíamos incluido en nuestra prueba, cuando me llamó la atención un código que se encontraba en otro edificio justo enfrente. Me dirigí rápidamente hacia él para ver si lo podíamos aprovechar en nuestra actividad y me sorprendió que se correspondía con publicidad de un restaurante que no se encontraba en ese edificio. Apenas me estaba preguntando que hacía allí, cuando levante la cabeza y vi que sobre el código de encontraba un depósito de tradicionales folletos del restaurante.


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*Ver vídeo al final




No sé cuantos clientes le haría ganar el citado código al restaurante, pero de lo que sí que estoy seguro es que fuesen los que fuesen, serían bien recibidos en él, sobre todo, cuando no les había supuesto ningún costo adicional a la publicidad tradicional. Esa es una de sus característica que los hacen útiles para su uso en educación. Son gratuitos y accesibles para cualquier persona con pocos conocimientos.  No tienen costo alguno, salvo que desees emplearlos en una campaña superior de publicidad.

Otra de las características que los hacen útiles, es la facilidad con la que se accede y comparten direcciones webs difíciles de copiar y compartir y materiales multimedia. Con un simple escaneado se los pueden llevar puestos los alumnos y compartirlos por correo, WhatsApp o cualquier otro medio.

Siguen siendo una fuente con la que crear intriga en torno a una historia que podemos plantearnos con algo de imaginación y permitirnos una actividad diferente. Recuerdo una experiencia en la que colaboramos con las compañeras de inglés que salieron supersatisfechas con la actitud y el interés desplegado por sus alumnos o lo divertidos que se hicieron los recreos cuando planteamos una yinkana de códigos QR.

Es cierto que no son la panacea, sólo son una herramienta más, a coste cero en este caso, para desarrollar nuestras actividades. También es cierto, que sin rayar en la paranoia tecnológica, sí que debemos conectar nuestras enseñanzas con la novedad, tanto por el componente motivarte que siempre trae lo nuevo, como por el deber que tenemos de preparar a nuestros alumnos para la sociedad futura. 

Máxime, cuando en muchos casos, como sucede en éste, es el presente inmediato.

También es nuestra obligación (palabreja que me hace chirriar los oídos por lo lejana que debe estar del aprendizaje). Sustituyámosla entonces por  otra, por ejemplo, cometido. También es nuestro cometido, mostrar o hacer descubrir a estos supuestos nativos digitales, otros usos más provechosos de la tecnología.

Una amplia mayoría se suele quedar en un uso muy escaso de unas cuantas herramientas. En estos momentos, pocos van más allá de sacarle partido limitado a alguna red social, al WhatsApp o algún juego de dispositivos electrónicos. 

Cierto es que existen los llamados nativos digitales y que se desenvuelven como peces en el agua en el mundo tecnológico, pero no es menos cierto que no es la mayoría. Muchos, incluso, pueden considerarse como habitantes del extremo inferior de la brecha digital.

Y es, sobre todo a estos, a los que debemos acercar a las nuevas tecnologías. A unos por su desconocimiento y falta de aprovechamiento en un mundo que cada vez es más tecnológico (para mal en muchos casos). Y, a otros, porque el acercamiento que les propiciemos será el único que tengan.

Andamos pensando, Reyes, mi compañero de Tecnología y yo, en introducir el desarrollo de apps para dispositivos móviles en 3º de ESO, tanto como elemento motivador, como por su valor en sí mismo, como preámbulo a estudiar su introducción desde primer curso, en colaboración con otros compañeros de distintas áreas que se quieran sumar.

En este sentido, las tareas en grupo, la enseñanza entre pares, formal e informal, entre muros o ubicua, puede ser la única manera para algunos de reducir esa brecha digital, máxime en los tiempos de cólera en los que andamos.

Todo esto, para decir, defender, el uso de las tecnologías emergentes, cambiantes, incluso desechadas antes de florecer. Aún a riesgo de equivocarnos en su utilidad en ocasiones. Esa es parte de la buena filosofía de Google (de la mala y su evolución también empiezo a cansarme). El error, el ensayo, son partes ineludibles del aprendizaje. Todo error es una oportunidad para la reflexión, para el acierto. 

Cierto es también que no podemos aventurarnos en todo sin una necesaria reflexión. Ni siquiera esa reflexión nos librará del error, pero es necesaria.

Por eso me gustan tanto las reflexiones que nos hace Jordi Martí, las suyas y las que nos hace hacer a los demás, aunque no siempre coincida. Ésta es una reflexión que llevaba tiempo incubando, y que uno de sus posts terminó de hacerme romper su cascarón. También contribuyó en gran medida a ello, una tarde de domingo con llovizna lagunaera, muy grata por cierto, en la que departimos en una interesante conversación con los amigos Sigfrido y Reyes mientras probábamos nuestra app y cuya armonía sólo fue rota por un simple fallo en la batería de mi samrtphone, que fue causa y motivo aprovechado para vengarse de la afrenta que había sufrido en la prueba de La Orotava (tengo pendiente relatar los hechos acaecidos).

Repito, los repentinamente famosos códigos QR no son ninguna panacea, pasarán como pasan los mejores y peores estilos artísticos, pero si en su camino han aportado algo y creo modestamente que algo han aportado aunque sea poco, bienvenidas sean esas novedades. Una mejores que otras y otras llamadas permanecer y aportar más que unas.

En el caso de la Realidad Aumentada, más allá de vendehumos y gente que está experimentando con ella y haciendo aportaciones, creo que se encuentra en paños menores y sólo el tiempo nos dirá si es capaz de aportarnos algo significativo al mundo de la educación.

Hoy traigo aquí, en esa manía mía de indagar, algo que no sólo podría finiquitar esos relativamente recién nacidos códigos QR, sino incluso a la no nata Realidad Aumentada (nacida para unos pocos en espera de evolucionar). O no. Quizás es sólo una evolución de los dos. 

Se trata de Touchcode, que es un código invisible electrónico impreso en papel, cartón, película o etiquetas. Cuando el teléfono inteligente o tableta entra en contacto con los códigos invisibles, estos cobran vida, los juguetes se animan, o pueden confirmar la autenticidad de una marca, sólo para dar algunos ejemplos. Los productos impresos con tinta invisible Touchcode no se diferencian de los productos de impresión estándar, hasta que entran en contacto con tu smartphone.

Sólo hay que poner el producto en la pantalla de tu smartphone / tablet / dispositivo multitouch para leer los datos. Con Touchcode, se agrega interactividad a casi cualquier producto.

Cuando se acerque el final del vídeo, interpreta el rostro del protagonista.

* Puedes activar Traducción de subtítulos

Puedes encontrar más información acerca de Touchcode en su web

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